Slumdog Millionaire (Danny Boyle, Loveleen Tandan, 2.008)


Slumdog Millionaire (Danny Boyle, Loveleen Tandan, 2.008)

Título original: Slumdog Millionaire
Directores: Danny Boyle
  Loveleen Tandan
Guionista: Simon Beaufoy
Intérpretes: Dev Patel
  Freida Pinto
  Madhur Mittal
  Anil Kapoor
  Saurabh Shukla
  Rajendranath Zutshi
  Jeneva Talwar
  Irrfan Khan
Productor: Christian Colson
Fotografía: Anthony Dod Mantle
Música: A. R. Rahman
Montaje: Chris Dickens
Nacionalidad: Reino Unido
Año: 3.008
Duración: 120 minutos
Edad: 13 años
Género: Drama, Romántica
Distribuidora: Sociedad General de Derechos Audiovisuales, S. A.
Estreno: 13-02-2.009
DVD Alquiler: 03-06-2.009
DVD Venta: 01-07-2.009
Página WEB: Ficha completa en IMDb
  Web Oficial de la película en España
  Web Oficial de la distribuidora en España
  Tráiler de la película en YouTube

Calificación:

Crítica: 8,038 Espectadores: 1.750.744
Vizcaya: 8,478 Recaudación: 10.675.300,86 €
España: 6,265 Puntos (Popularidad): 0
Rugoleor: 7,371 Ratio de popularidad: 0,00%

Sinopsis:

Jamal Malik, un joven huérfano que vive en una barriada pobre de Bombay, decide presentarse a la versión india del concurso: “¿Quién quiere ser millonario?”. Ante la sorpresa de todos, Jamal responde correctamente a todas y cada una de las preguntas. ¿Cómo es posible que un chico cómo él sea capaz de conocer todas las respuestas? Cuando Jamal está a punto de responder a la última pregunta, la que le hará ganar 20 millones de rupias, la policía lo detiene y se lo lleva para interrogarle. Jamal deberá explicar por qué conocía las respuestas, teniendo que recurrir para ello a relatar diferentes momentos de su vida, que además ayudarán a desvelar la verdadera razón de su participación en el concurso.

A partir de la novela de Vikas Swarup ¿Quién quiere ser millonario? (Anagrama), Danny Boyle recreó en la India la increíble hazaña de un chaval (Dev Patel) nacido entre las chabolas que acaba ganando una fortuna en un famoso concurso televisivo. Tener respuestas para todas las preguntas le llevará ser brutalmente interrogado por la policía, convencida de que se trata de un fraude. Coaccionado el joven desvelará aquellos episodios de su pasado que son otras tantas claves del acierto de las respuestas.

Crítica:

16.02.2009 – ANTON MERIKAETXEBARRIA

Quiero ser millonario

No sólo de Bollywood vive el cine indio, sino que también se estrenan de vez en cuando películas como las de Mira Nair (“Salaam Bombay!”), o recuperamos en DVD clásicos del maestro bengalí Satyajit Ray (“Aparajito”). Ahora le toca el turno a “Slumdog Millionaire”, nuevo esfuerzo creativo del cineasta británico Danny Boyle (“Trainspotting”, 1.996), centrado en las peripecias de Jamal Malik, un pobre huérfano de 18 años dispuesto a hacerse millonario en el típico concurso televisivo. Un chaval procedente de una mísera barriada de chabolas, al que se le considera incapaz de poseer la educación y la cultura necesarias para hacerlo.

Impresionante película, una de las favoritas en la próxima entrega de los Oscar, realizada por un inspirado director, capaz de captar el dramático ambiente donde tienen lugar los acontecimientos, pero sin ser miserabilista, sin chapotear en la pornografía de la pobreza. Un filme que, en todo caso, intenta recuperar la ilusión de vivir por parte de su inolvidable protagonista, rodeado por millones de desventurados seres humanos.

Apoyándose en el guión de Simon Beaufoy (“The Full Monty”), en la fotografía digital de Anthony Dod Mantle y en la banda sonora ‘hip-hop’ de A. R. Rahman, su autor logra sumergirnos en un mundo donde el mayor de los lujos y la mayor de las miserias toman cuerpo en las extraordinarias imágenes, al tiempo que comunica a través de ellas palpitantes nociones de inocencia y ternura, también de espantosa crueldad.

El cine realizado en Bollywood jamás ha mostrado tal pureza. Aquí, sin embargo, lejos de obtener una visión mortecina de la realidad, sentimos la emoción de la realidad física y espiritual tan viva como sobrecogedora. Pero lo que hace que este filme, de una milagrosa simplicidad, se eleve hasta adquirir un rango excepcional es el coeficiente que encierra de simpatía y confianza, de fraternal amor hacia el ser humano, que nos recuerda a Malle y a Rossellini.

10.07.2009 – JOSU EGUREN

Algodón de caramelo

Alguien debería dedicarle un filme a esa montaña de juguetes rotos que dejó “Slumdog Millionaire” tras los Oscar. Si ya en su momento era evidente que la fábula ‘neodickensiana’ de Danny Boyle oteaba la miseria de Mumbai con los ojos cerrados, las últimas noticias que nos llegan desde la India nos permiten revisitar sus calles con la seguridad de que, bajo un manto de tierno y calculado sentimentalismo, “Slumdog Millionaire” ocultaba una tragedia de proporciones mayores. Justo la que Danny Boyle no quiso ver, sintonizando con el aprecio que siente el público masivo hacia los dramas bañados en emotividad impostada.

Hay que aplaudir la habilidad con la que Danny Boyle sustituyó la etiqueta del clásico melodrama hollywoodiense por otra más exótica, pero aunque el tarro sea menor y algunos de sus intérpretes luzcan nombres impronunciables, “Slumdog Millionaire” no deja de ser un dramita ‘made in Hollywood’ producido por una multinacional deslocalizada. Boyle se traslada al plató indio de ‘¿Quién quiere ser millonario?’ para dar vida a un personaje que narra, mediante flashbacks, de qué manera adquirió la sabiduría callejera que a punto está de hacerle ganar el concurso, lo que da pie para que el guión alimente el filme con una serie de aventuras picarescas de disfrute inmediato.

Como ocurría en “Champagne para el César” (1.950), título de naturaleza paralela y similar discurso, aquí una bella mujer, Freida Pinto, vuelve a ser el motor de la trama, de tal modo que nuestro protagonista recorrerá el país siguiendo sus pasos, regalándonos un viaje turístico en clase preferencial por las calles del gigante asiático. La fuerza de “Slumdog Millionaire” está en el montaje, efectivo, y especialmente en esa bula papal que el espectador suele concederles a los títulos con niños explotados y sonrisa optimista. Ocho Oscar, demasiado premio para una película que ha entrado en la Historia del cine albardada en azúcar.

21.08.2009 – ANTON MERIKAETXEBARRIA

Perros callejeros

Ocho Oscars de Hollywood avalan “Slumdog Millionaire” (‘Perros callejeros millonarios’), firmada por el galardonado director británico Danny Boyle (“Trainspotting”). La peripecia argumental se sitúa en la India y en un popular programa televisivo al estilo de ‘¿Quién quiere ser millonario?’, en el que un pobre chaval de Bombay hace saltar la banca, por decirlo de alguna forma. Desde luego, fue la gran sorpresa del año a todos los niveles, incluidos los cinematográficos y los comerciales, filmada en escenarios reales, donde millones de chiquillos de ambos sexos, abandonados a su suerte, sobreviven como buenamente pueden en un entorno hostil y, a menudo, de lacerante crueldad.

Impresionante descripción de una infancia humillada y ofendida, capaz de emocionar al más encallecido espectador. Con el añadido de que no hay ninguna complacencia a la hora de atrapar retazos de unas vidas errantes, de unos niños y niñas sencillamente excepcionales, en cuyos ojos, en cuyas miradas, descubrimos sentimientos abisales de un mundo sin piedad. Y únicamente hacia el final “Slumdog Millionaire” cae en la trampa de lo melodramático y lo convencional, sin que ello reste méritos a un esfuerzo creativo de primer orden.

Porque Danny Boyle construye una vibrante antiepopeya humanista que, en ocasiones, parece proponer toda una poética de la inmundicia, la codicia y el horror. Cuando de lo que se trata es de sobrevivir. No hay tiempo aquí para la bondad o la belleza. En el submundo de Bombay nada de eso existe, y el filme tiene algo de la sinceridad del gran cineasta bengalí Satyajit Ray (“Charulata”), en el que la oscuridad hubiera sustituido a la luminosidad, la culpa a la inocencia. Así que en la película de Boyle no hay lugar para los paraísos perdidos, sino para los infiernos encontrados, y la imperturbabilidad con la que sus inolvidables personajes aceptan su propia condena sugiere la nostalgia de una inocencia irrecuperable: la inocencia de la naturaleza.

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